Presentación de libro ¿Estamos realmente viviendo o tan solo existiendo?

La pandemia del COVID-19 no solo fue una crisis sanitaria; fue el choque de dos mundos: la crisis neoliberal y la emergencia de salud. En este escenario, nos vimos obligados a cuestionarnos algo fundamental: ¿Qué es realmente vivir?.

Mientras que existir es una condición biológica, vivir —en su sentido más amplio y humano— implica ejercer a plenitud la libertad, la dignidad y el "Buen Vivir" en armonía con la comunidad y la naturaleza. Sin embargo, el confinamiento y la incertidumbre pusieron estas definiciones a prueba.

Las "otras pandemias" de la pandemia

Más allá del virus, los estudiantes de la Carrera de Género y Desarrollo de la Universidad de Cuenca identifican lo que llaman "las otras pandemias":

  • La brecha social: La desigualdad se hizo evidente; mientras algunos podían resguardarse, otros perdieron sus empleos o se vieron obligados a la autoexplotación en un sistema de hiperconsumo para sobrevivir.

  • El colapso de los cuidados: El encierro agudizó las tensiones familiares, aumentando las responsabilidades domésticas, el cuidado de adultos mayores y, lamentablemente, los índices de violencia contra mujeres y niños.

  • La crisis de salud mental: El miedo a la muerte, la pérdida de seres queridos y las preocupaciones económicas dispararon problemas de ansiedad y agotamiento emocional.

Relatos de supervivencia y resiliencia a través de diversos testimonios personales, podemos ver cómo cada individuo libró su propia batalla:

La presión estética y las redes: Durante el encierro, la exposición a "cuerpos perfectos" en redes sociales llevó a algunos jóvenes a obsesionarse con su imagen corporal, generándoles sentimientos de insuficiencia y tristeza.

Miedos e incertidumbres: Muchos experimentaron un "descontrol" inicial debido al exceso de información y rumores, lo que cambió radicalmente sus rutinas diarias y generó una soledad profunda.

La monotonía del día a día: Para otros, el mayor reto fue el "despecho" por estudiar virtualmente y la repetición constante de actividades que parecían vaciar la vida de sentido.

A pesar del dolor y las secuelas emocionales que aún persisten, estas vivencias nos han dejado una lección de resiliencia. Los estudiantes nos invitan a ser agentes de cambio, a valorar la importancia de la salud mental y a cuestionar un sistema que a menudo prioriza el rendimiento sobre la dignidad humana.

Hoy, la invitación es a no solo "sobrevivir" a esta época, sino a reconstruir nuestra forma de habitar el mundo, recuperando la empatía y la solidaridad que tanto necesitamos.